Relatado por la Tradición popular "Gripe Española"
J. M. Barandiarán habla de que "el genio del cólera de hace más de un siglo hizo su aparición en Segura en forma de una neblina" (50). En algunos pueblos de la Ribera, las personas muy mayores cuentan que la epidemia de gripe del año 1918, que ha quedado en la memoria de todos como «el año la gripe», llegó en forma de niebla. Las personas nacidas a finales del siglo XIX o comienzos de éste vivieron aquella mortandad cuando eran adolescentes o jóvenes y nunca la han olvidado; muchos de ellos perdieron a familiares, como es el caso de mi abuelo, a quien se le murió su hermano Matías. En Castrillo comenzó el día 24 de septiembre, si bien en otros pueblos he oído la fecha del 21, el día de San Mateo. Lo cierto es que días antes ya se hablaba de que «había peste». A mediodía del 24 se preparó un gran nublao, pero no llegó a llover: "cayeron chispas de nieve y se puso to blanco. Luego vino el blandeo, empezó a blandear, y vino una niebla que trajo la gripe...". Empezaron a morir personas de manera extraña, con gran rapidez; de repente se sentían enfermas, con dolor de cabeza y escalofríos y, al poco, morían: "un arriero que estaba haciendo la colambre, ahí la bodega, no le vagó hacer una bota, inflarla, se murió". Se aplicaban remedios caseros, como echar mucho vinagre en las comidas o sangrar a los enfermos con sanguijuelas, pero no servían de nada: "Al principio tocaban las campanas; ¡coño, otro que s'ha muerto! Luego, como eran tantos, ya nada. Los enterraban sin caja, envueltos en una manta" (51). En algunos pueblos hubo que agrandar el cementerio. La mortandad generalizada precisa una explicación de tipo sobrenatural; la enfermedad es la muestra clara del mal y, al personalizarla en un genio o agente que se manifiesta por medio de un fenómeno natural, se integra en unos esquemas cognitivos que la hacen aceptable.
Se conocian popularmente como calenturas.